Llevamos a los pequeños a la casa de otra de mis tías y le dijimos que el tío nos lo había dicho para que descansásemos un día, mi tía se lo creyó.
Llamamos a un taxi que tardó quince minutos y luego alucinó cundo le dijimos que nos llevase al aeropuerto pero alucinó más cuando se enteró que viajábamos a Argentina solas.
Cuando llegamos al aeropuerto y después de pagar al taxista nos metimos en lo que seguro iba a ser nuestra mejor aventura.
Fuimos a facturar y nos pidieron las autorizaciones de nuestros padres y por suerte la teníamos, pedimos que nos pusieran juntas y cerca de la salida de emergencia o en ventanilla.
La espera no se nos hizo nada pesada, pues estábamos eufóricas y alegres. Una vez dispuestas a subir al avión se oyó por megafonía:
-¡Chicas disfrutar del viaje y cumplir vuestro sueño!¡Os quiero!
Era el tío que nos mandaba todo su amor desde alguna parte del aeropuerto, Ana y yo gritamos al unisono:
-¡¡TE QUIERO!!
Una vez instaladas en el avión y antes de despegar mande un mensaje con el móvil al tío Francisco diciéndole donde estaban los primos, luego apagamos el móvil y despegamos, nos habían puesto en una ventanilla y al despegar se veía precioso.
La azafata que se encargaba de nuestra parte era muy amable y se llamaba Raquel, comimos mucho, hablábamos muchísimo de cómo sería ese viaje, de cómo nos las arreglaríamos y la azafata no daba crédito a lo que estaba viendo, a dos chicas tan jovencitas viajando solas a un país tan lejano, como Argentina. Ana y yo estábamos preparadas para todo, no sabíamos como nos las apañaríamos, pero sabíamos que ese viaje seria muy especial y que tendríamos que dar las gracias al tío el resto de nuestra vida, eso desde luego.
No teníamos intención de quedarnos mucho tiempo pero... lo que nos deparaba ese viaje...
Nunca lo olvidaré.
martes, 3 de noviembre de 2009
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